domingo, 17 de abril de 2011

Niño de la medianoche (II)



II

Blanca piel toda ungida de todos sus sudores
rescate y abrazos ya perdidos y pegados
a la comisura de sus labios como rojo pétalo reseco,
tanto amor tanto amor desdoblado por la fiebre
no importaron las convulsiones como olas del mar empaparon tu deseo.

Todo el humo lo tragamos, toda una noche que se
hizo leve, ya no me dejas olvidarla, ya ha
cargado entero el pecho pesado sin alcanzar cupo.
Paso seco incesante su cuerpo quedó dormido
ya no más, quedó repleto por dentro de rosas
mendigo sin corazón estómago ladrón.

Se fue con la princesa desnuda en brazos
sus fríos pies helaron mis ojos, pies balanceándose por el fuerte paso.
Su cabello enredado en el ojal de su chaqueta
la tendría que soltar, en casa, en su almohada
pero a su espalda aquellas carnes petrificadas
rodeaban aquellos ojos que le miraban marchar.

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