miércoles, 20 de abril de 2011

¿Dónde duermen los camaleones?

Y tú diles a todos que ya estoy cansá
quel tiempo no me importa
que cuesta arriba yo tiro del pistón
y la flama no derrite la cera.

Que contigo me escondo adentro,
y contigo abro las cremalleras
que mis miedos son en carne viva
y las alegrías las bebes cada día.
Borbotones de inocencia que también calman mi sed.

Y tú diles que ya venías avisao,
que no sabe nadie
dónde duermen los camaleones
que cruzan la carretera.

Y despacito, que las prisas no son buenas,
fuimos construyendo la madriguera.
Si no nos quedaban ramas ni piedras
techao con terrones de tierra.

Y tus manos me encargo de besar
dedo a dedo, y que no quepa duda,
que lo vamos a hacer bien
que tú no eres quién pa mis remiendos
pero untaste las llagas,
besaste la cicatriz
y la hiciste para ti.

Vierte mis años,
que de la poca vida que llevo,
yo partía el cántaro,
yo volcaba el vaso.

Y diles a todos que ya venías avisao,
que no sabe nadie
dónde duermen los camaleones
que cruzan la carretera.

lunes, 18 de abril de 2011

Entro mis entrañas

Ablación desde dentro,
tensión y coraje entre la cabeza y el resto.

Virutillas de polen que entran por mi uña
se mueren en mi pecho
y yo me acuesto.
Ese filtro que no me deja abrir los ojos
pa ver el cielo.

domingo, 17 de abril de 2011

Niño de la medianoche (II)



II

Blanca piel toda ungida de todos sus sudores
rescate y abrazos ya perdidos y pegados
a la comisura de sus labios como rojo pétalo reseco,
tanto amor tanto amor desdoblado por la fiebre
no importaron las convulsiones como olas del mar empaparon tu deseo.

Todo el humo lo tragamos, toda una noche que se
hizo leve, ya no me dejas olvidarla, ya ha
cargado entero el pecho pesado sin alcanzar cupo.
Paso seco incesante su cuerpo quedó dormido
ya no más, quedó repleto por dentro de rosas
mendigo sin corazón estómago ladrón.

Se fue con la princesa desnuda en brazos
sus fríos pies helaron mis ojos, pies balanceándose por el fuerte paso.
Su cabello enredado en el ojal de su chaqueta
la tendría que soltar, en casa, en su almohada
pero a su espalda aquellas carnes petrificadas
rodeaban aquellos ojos que le miraban marchar.

Mis anhelos

Cuando miro todos esos rasgos
de décadas plasmados,
muertas aquellas prodigiosas manos
me inmovilizan, y esas manos
por un segundo no sueltan mi cabeza.
Todos esos dedos entre mi pelo,
y sus bocas por mis brazos y espalda
levantan mis vellos y son mis pupilas  las que se vidrian,
susurran que hay un alma escondida entre pequeños y grandes trazos.
Algunos que lloran
otros que ríen angustiados, pero entonces, entonces todos y cada uno de ellos me miran a mi,
me miran a mí.
Sus almas quedaron pegadas, sé perfectamente que podría tocarlas, y no me atrevo,
 mas observándolas recostadas que no se esconden a mis ojos
tal vez les despierte tal vez es que me quieran contar algo.